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lunes, 12 de octubre de 2026

REFLEXIONES DE LUIS ROSARIO

 


PRESIDENTE ABINADER, ACEPTAMOS SU RETO: SUS SEIS AÑOS FRENTE A LOS VEINTE DE LA OPOSICIÓN


Comencemos con las obras de Leonel Fernández: la memoria del país no se borra con un discurso.


Presidente Luis Abinader:


Usted ha planteado comparar los veinte años de gobiernos del PLD con los seis años de su administración. Pues bien, aceptemos la comparación. Pero hagámosla con obras, fechas, resultados y recursos utilizados. Porque una cosa es proclamarse superior frente a un micrófono y otra muy distinta es demostrarlo frente a la historia.


La República Dominicana no comenzó en agosto de 2020. Y la memoria de un pueblo no se borra porque al gobernante de turno le incomode reconocer lo que encontró construido.


Para comenzar, ni siquiera voy a incluir las obras de los ocho años de Danilo Medina, cuya gestión, a mi juicio, también supera ampliamente la suya en infraestructura. Me limitaré a los gobiernos de Leonel Fernández: 1996–2000 y 2004–2012.


Y esto, presidente, es apenas lo que mi poca memoria alcanza a recordar, acompañado del recuento de inauguraciones de aquellos años. No es un inventario completo. Son algunas obras que tienen nombre, ubicación y una historia que ningún discurso puede desaparecer.


En el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, podemos comenzar por los corredores de las avenidas 27 de Febrero y John F. Kennedy: túneles, elevados, pasos a desnivel y el bulevar de la 27. Añadamos el Instituto Tecnológico de las Américas, ITLA, inaugurado en el año 2000: una apuesta por preparar a nuestros jóvenes para una economía que demandaba nuevas capacidades.


Sigamos con la primera línea del Metro de Santo Domingo, inaugurada en 2009, y la construcción de la segunda línea, que tuvo un recorrido de prueba durante el gobierno de Leonel y comenzó su operación comercial bajo Danilo Medina en 2013. Reconocer esa continuidad también forma parte de contar la historia con seriedad.


Ahí está el Corredor Duarte, con soluciones viales en Monumental, Manoguayabo, Núñez de Cáceres, Fernando Defilló, Ortega y Gasset y Charles de Gaulle. Ahí está el túnel Ortega y Gasset–UASD. Obras que transformaron recorridos y forman parte de la movilidad de la capital.


Ahí están la Biblioteca Pedro Mir, la Torre Administrativa y el nuevo Comedor de la UASD, además de la remodelación integral del Palacio de Bellas Artes.


En salud, recordemos el Hospital Traumatológico Ney Arias Lora y las instalaciones de los hospitales Reynaldo Almánzar y Hugo Mendoza, inauguradas durante su gestión, distinguiendo la entrega de sus edificios de la posterior puesta en funcionamiento de todos sus servicios.


En servicios básicos y vivienda, el acueducto múltiple de La Guáyiga y los proyectos habitacionales Hato Nuevo e Invi-Villa Progreso del Norte.


Pero salgamos de la capital, presidente, porque la obra de Leonel no terminó en Santo Domingo.


Comencemos por Puerto Plata, nuestra provincia.


Aquí están la Ciudad Universitaria de la UASD y el Museo Histórico General Gregorio Luperón. Sobre el Palacio de Justicia, también quedó recogido públicamente el reconocimiento de Francis Vargas a la construcción de ese edificio durante los gobiernos de Leonel. No se trata de una referencia inventada para esta discusión.


Añadamos la rehabilitación de la avenida Manolo Tavárez Justo, las intervenciones en la entrada de Puerto Plata y en la avenida Circunvalación Sur hasta Playa Dorada, así como la reconstrucción del liceo José Dubeau y el acueducto de Villa Isabela.


Recordemos la remodelación del malecón de Puerto Plata y los trabajos de regeneración de playas, entre ellos la regeneración y ampliación de Long Beach. Fueron intervenciones en el espacio público y en el frente turístico de nuestra ciudad que también deben entrar en cualquier comparación seria.


Y en Sosúa, presidente, están los 672 apartamentos de Villa Liberación, destinados a familias de El Tablón. Estamos hablando de viviendas, de familias y de una respuesta concreta a una necesidad social.


A ese recuento se suman las carreteras Ranchito de los Vargas–Belloso–Villa Isabela y Villa Isabela–Estero Hondo–La Playa. Puerto Plata tiene razones para recordar y obras para mostrar.


En Santiago, el puente de Baitoa sobre el río Yaque del Norte y la construcción de los hospitales de Baitoa y Hato del Yaque. Por precisión, sus actos inaugurales se realizaron en 2012 y su apertura efectiva ocurrió posteriormente. La misma seriedad que exigimos al Gobierno debemos aplicarla al recuento que presentamos.


En Monseñor Nouel, el Centro Universitario Regional del Cibao Central, UASD Bonao, y las obras de abastecimiento de agua de Bonao, Yuboa–La Colonia, Maimón, El Blanco, Juan Adrián y Piedra Blanca. También está el complejo hidroeléctrico Pinalito, de 50 megavatios, inaugurado en 2009.


En Espaillat, la carretera Cayetano Germosén–Cruce de Barranca–Magüey, la escuela Isabel Rosa Peña, el acueducto de Quebrada Honda y las nuevas instalaciones de CORAAMOCA.


En Hermanas Mirabal, la Casa de la Cultura de Salcedo, un hogar de ancianos y un ecoparque.


En la provincia Duarte, el Pabellón y Multiuso Mario Ortega, el puente sobre el río Jaya y las carreteras San Francisco de Macorís–Jaya–La Colonia, El Aguacate–El Cercado, La Cueva–Los Bracitos y La Paja–El Guineal. Añadamos la reconstrucción de la Ciudad Agropecuaria y de Exposiciones del Nordeste y las obras del sistema sanitario de San Francisco de Macorís.


En María Trinidad Sánchez, el Centro Universitario Regional de Nagua y las instalaciones deportivas entregadas junto con esa obra.


En Valverde, las nuevas instalaciones de la UASD en Mao.


En Santiago Rodríguez, su acueducto múltiple.


En Montecristi, las ampliaciones y conexiones al Acueducto de la Línea Noroeste y las redes de abastecimiento de Hatillo Palma, Villa Elisa, Villa Lobos, La Guajaca, Hato Viejo y Guayubincito.


En Samaná, el Bulevar Turístico del Atlántico y la conexión mediante la autopista Juan Pablo II, ejecutada por concesión. Reconocer el mecanismo de contratación es parte de explicar una obra, sus compromisos y sus resultados.


Y, como obra de alcance regional, recordemos la terminación de la ampliación de la autopista Duarte en 1997, dando continuidad a los trabajos iniciados por Joaquín Balaguer. Porque concluir una obra heredada también es gobernar, siempre que se reconozca quién la comenzó.


Pasemos al Este.


En San Pedro de Macorís, el puente Mauricio Báez sobre el río Higuamo.


Entre La Romana y La Altagracia, la autopista del Coral y los puentes sobre los ríos Chavón y Duey.


En La Altagracia, la reconstrucción del tramo Cruz del Isleño–Nisibón y los puentes sobre los ríos Maimón y Nisibón.


En La Romana, el proyecto de 108 viviendas del INVI y la plaza artesanal.


En El Seibo, Invi-Villa Progreso El Seibo.


En Hato Mayor, Invi-Villa Progreso Los Hatillos y la rehabilitación de los sistemas de agua de Hatillo y Hierbabuena.


En Monte Plata, la infraestructura del nuevo Hospital Regional, inaugurada en 2012.


Y recorramos el Sur, porque también allí hay memoria y obras que merecen respeto.


En San Cristóbal, la ampliación y modernización del Hospital Juan Pablo Pina, el remozamiento del polideportivo de Bajos de Haina y del estadio Temístocles Metz, además del refuerzo y ampliación del acueducto de Villa Altagracia.


En Peravia, las obras del acueducto de Cañafistol, Baní.


En Azua, el polideportivo municipal, el sistema de agua potable de Guayabal, las 101 viviendas de Villas Palmarejo y la carretera Azua–Pueblo Viejo.


En San Juan, la Central Hidroeléctrica Palomino, de 80 megavatios; las reconstrucciones de las carreteras San Juan–Las Matas de Farfán, San Juan–Vallejuelo, Vallejuelo–El Cercado y San Juan–Barahona; el acueducto múltiple Las Charcas de María Nova–Pedro Corto y el equipamiento de bombeo del acueducto de Bohechío.


En Barahona, la Ciudad Universitaria de la UASD, obras de agua potable, proyectos habitacionales y un palacio de deportes.


En Elías Piña, el Liceo Técnico Sagrado Corazón de Jesús–Fe y Alegría, biblioteca, canchas y caminos vecinales.


En Independencia, obras de los acueductos de Jimaní y Duvergé.


Presidente: frente a esta relación, una comparación exige mucho más que una frase triunfalista.


Si quiere comparar cantidad, publique su inventario. Si quiere comparar impacto, expliquemos cuántas personas reciben servicios y qué necesidades resolvió cada proyecto. Si quiere comparar eficiencia, pongamos sobre la mesa costos, presupuestos, inflación, plazos de construcción, calidad y mantenimiento.


Contar cada intervención como si todas tuvieran el mismo alcance no basta. Una comparación seria debe permitir que el ciudadano entienda qué se construyó y cuánto cambió su vida.


Usted puede defender su gestión. Lo que debe demostrar es la superioridad histórica que proclama.


Y ya que propone comparar, hablemos también de las cuentas públicas.


El presupuesto aprobado para 2026 contempló RD$401,767.8 millones en financiamiento, destinados a cubrir el déficit y las aplicaciones financieras. Esa cifra no equivale íntegramente a un aumento neto de la deuda, porque incluye obligaciones financieras que deben atenderse. Pero sí obliga al Gobierno a explicar con claridad cuánto toma prestado, cuánto utiliza para pagar compromisos anteriores y cuánto termina convertido en inversión para la población.


La ciudadanía tiene derecho a exigir esa explicación. Cada compromiso financiero tiene consecuencias para los presupuestos de los años siguientes.


También tiene derecho a examinar las prioridades del gasto. Para 2026, el presupuesto aprobado distribuyó el 86.7 % de los gastos como corrientes y el 13.3 % como gastos de capital. El gasto corriente incluye salarios, servicios, transferencias e intereses; no todo es innecesario. Pero esa composición merece una explicación cuando el Gobierno se presenta como un campeón histórico de la construcción de obras.


Presidente, explique cómo se traduce ese presupuesto en las transformaciones que usted anuncia. Muestre las obras, sus costos y sus resultados. La propaganda no puede ocupar el lugar de la rendición de cuentas.


Y en materia de integridad pública, su administración tampoco puede presentarse como ajena a los escándalos. Ahí están los procesos por presunta corrupción vinculados al Intrant, mediante la Operación Camaleón, y al SeNaSa, mediante la Operación Cobra, que involucran a exfuncionarios de su gobierno.


Las responsabilidades penales individuales corresponden a los tribunales. Pero las explicaciones sobre nombramientos, supervisión, controles y manejo de los recursos públicos también corresponden al Gobierno.


En el caso SeNaSa, el Ministerio Público ha descrito imputaciones relacionadas con sobornos y desfalco. Son acusaciones que deben resolverse judicialmente, pero cuya gravedad exige respuestas públicas, especialmente por tratarse de una institución destinada a proteger la salud de la población.


La lucha contra la corrupción exige la misma firmeza cuando los expedientes alcanzan al adversario y cuando comprometen a quienes formaron parte de la propia administración. Ningún discurso de transparencia sustituye la obligación de prevenir, fiscalizar y responder.


Por eso, presidente Abinader, antes de asegurar que sus seis años superan veinte años de gobiernos anteriores, deténgase frente a esta relación. Aquí apenas hemos recorrido una parte de los doce años de Leonel Fernández. Ni siquiera hemos comenzado a enumerar la obra de Danilo Medina.


Reconocer lo construido antes de usted no disminuye su investidura. Le da seriedad a la discusión. Pretender que la historia comenzó con su llegada al Palacio Nacional debilita la credibilidad de su comparación.


Las obras de Leonel tienen nombre, ubicación y fecha. Están en las provincias, en las carreteras, en las universidades, en los hospitales, en los acueductos y en las viviendas. Su existencia no depende de que su gobierno quiera reconocerlas.


La memoria del país no es una dependencia del Palacio Nacional.


Presidente: presente las suyas, explique cuánto ha gastado, detalle cuánto ha financiado y permita que sea el país quien compare.


Porque el veredicto sobre una gestión lo construyen sus resultados. No lo decreta quien ocupa la Presidencia.


#LR

Luis Rosario

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